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               OVNIS

Las instalaciones se encuentran ubicadas en una región sureña de Nevada, al oeste de Estados Unidos y a unos 133 km al noroeste de la ciudad de Las Vegas. Situada en el centro, a lo largo de las tierras baldías de Groom Lake, es un vasto aeródromo militar. El objetivo principal de la base es indeterminado, no obstante en base a evidencias históricas, es probable que estén llevando a cabo investigación y desarrollo con sistemas de armamento avanzados y pruebas en aviones experimentales que no son reconocidos oficialmente por el Gobierno de Estados Unidos. El intenso secretismo que rodea a la base ha llegado a convertirse en objeto de interés y en la casuística principal de las teorías de conspiración y el Fenómeno Ovni. Aunque Groom Lake no ha estado declarada como base secreta, todas las investigaciones acaecidas en torno al Área 51 es Información Compartimentada y Clasificada como de Alto Secreto.

o.v.n.i




 ovni se refiere a la observación de un objeto volante, real o aparente, que no puede ser identificado por el observador y cuyo origen sigue siendo desconocido después de una investigación.

El acrónimo fue creado para reemplazar al de "platillo volante" y ha llegado a trascender más allá de las simples observaciones aéreas. Aunque autores como Erik von Daniken (1999) o Jacques Fabrice Vallée (1976) han apuntado que los antiguos carros de los dioses o las apariciones y raptos en bosques y pantanos podían ser el equivalente a los relatos ovni actuales, el fenómeno-mito comenzó en 1947, íntimamente vinculado a los medios de comunicación.

Su interés para los gobiernos, si es que alguna vez lo tuvo, ha ido decreciendo al encontrarse explicación a la mayoría de los casos y no apreciarse nada especialmente raro ni misterioso en los no aclarados. Sin embargo, la tendencia parece opuesta en la literatura especializada en estos temas, que ha ido creciendo en número de cabeceras y tirada, para pasar a recoger también supuestos contactos telepáticos, pretendidos secuestros y declaraciones sobre experimentos genéticos perpetrados por los tripulantes de dichos objetos. Todas estas afirmaciones extraordinarias tienen en común la ausencia de pruebas extraordinarias que las demuestren. Pese a la total ausencia de las mismas, la hipótesis extraterrestre sigue siendo tema de debate.

foto dedicada ha ovnisiovnis s.a



 



Terminología
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Búmeran de madera a cuya forma se parecían los objetos declarados por Kenneth Arnold.

El primer nombre dado a luces o formas en el cielo desconocidas para el espectador fue el de platillo volante o platillo volador, del inglés flying saucer. El término "platillo volador" se popularizó en 1947 debido a un error periodístico. El 24 de junio, el piloto civil norteamericano Kenneth Arnold vio una formación de nueve objetos en forma de búmeran volando a una velocidad estimada por él superior a 1500 Km/h, mientras pilotada sobre la Cordillera de las Cascadas, estado de Washington.[2]

Como se ha indicado, a finales de la Segunda Guerra Mundial se vivía como posible la existencia de prototipos rápidos y muy manejables, desarrollados por otros países y nunca vistos hasta el momento. Ante la posibilidad de haber divisado una escuadrilla de dichos prototipos, Arnold se dirigió a la oficina del FBI para informar, pero la encontró cerrada. Por lo tanto acudió a un periodista llamado Bill Bequette para narrarle su observación. El piloto explicó la formación indicando que los nueve objetos tenían forma de búmeran y describió su movimientos como el efectuado por las piedras cuando rebotan sobre una superficie líquida, en concreto su palabras pueden traducirse por «un platillo lanzado a través del agua». Bequette confundió la forma en la que se movían los objetos con la forma de los objetos. El error de Bequette ha sido recogido multitud de veces por científicos como Carl Sagan (1997): «Dijeron que yo había dicho que eran "como platillos", cuando lo que yo dije fue que "volaban al estilo de un platillo"», declaró Arnold al célebre locutor Edward R. Murrow en una entrevista para la CBS, transmitida el 7 de abril de 1950.

Nuevamente Sagan (1997) hizo hincapié sobre la relación entre la confusión y las observaciones posteriores, incluso fotografías:

Mientras la explicación original se ha olvidado, el término platillo volador se ha convertido en una palabra habitual. El aspecto y comportamiento de los platillos voladores de Kenneth Arnold era bastante diferente de lo que sólo unos años después se caracterizaría rígidamente en la comprensión pública del término: algo como un frisbee muy grande y con gran capacidad de maniobra.

Autores como Ricardo Campo han recogido citas más elocuentes:[2]

Muy probablemente, a partir de entonces, todas las razas alienígenas y extraterrestres que han visitado la Tierra han tenido que rediseñar sus naves interplanetarias para adaptarse al error de un periodista de un diario local de Estados Unidos del año 47.

Pese al error, las declaraciones sobre ingenios aeronáuticos no identificados aumentaron considerablemente. Ante la posibilidad de que la URSS dispusiera de aparatos desconocidos hasta el momento o que se pudiera estar violando de alguna forma el espacio aéreo estadounidense con gran impunidad, la administración de Harry S. Truman emprendió una serie de investigaciones para esclarecer los hechos. Uno de los participantes en aquellas investigaciones y director del posteriormente llamado Proyecto Libro Azul fue Joseph Allen Hynek (1977). A este astrónomo se le debe la decisión de cambiar el término "platillo volante" por el más genérico "Objeto Volador No Identificado", traducido del inglés "Unidentified Flying Object", nombre que persiste hasta nuestros días.

La disciplina que estudia o simplemente recoge los caso de ovnis se denomina Ufología. Según estudiosos de la ufología, como Fernando Frías, en todo el mundo se detectan numerosos fallos en la recopilación y difusión de los casos, como publicar que a una persona le creció un tercer testículo tras un encuentro sin haberlo verificado, por ejemplo.[7] Tanto es así que la propia Academia Española define la ufología como "simulacro de investigación científica...".[8]

En la mayoría de los casos estudiados por ufólogos empleando el método científico se descubrió un origen conocido. Juan Ballester Olmos (2000) señala que cuando se ha estudiado el expediente, generalmente un relato, y no se ha sido posible ofrecer una explicación, se considera un caso positivo. Por contra, cuando se puede dar una explicación se denomina caso negativo.

Historia[editar · editar código]

No existe acuerdo respecto al momento en que comenzó la historia de las observaciones de ovnis. Para Wilding-White, J. J. Benítez, Erich von Däniken o Jacques Vallée los avistamientos de objetos sin identificar se remontan tanto como historia tiene la Humanidad. Para autores como Ricardo Campo, Luis Alfonso Gámez[2] o Carl Sagan es un mito contemporáneo que comienza a finales de los años 40 del siglo XX. Citar tantas veces a este último astrónomo está justificado no sólo por su obra literaria, sino también por sus aportaciones a la investigación ovni, como se detalla más adelante.

Ovnis en la Edad Antigua, Media y Moderna[editar · editar código]

La visión de platillos volantes, como se ha explicado, dio comienzo cuando la ingeniería había logrado ya un nivel suficiente como para desarrollar motores de reacción, misiles con alcances estratosféricos e ingenios nucleares. Lo que, para escritores como Luis Alfonso Gámez, sugiere un origen humano producto de aquella época. La idea de estar ante un mito de la era espacial.[4]

Pintura mural. Val Camonica, Italia ¿Humanoides portando escafandras o interpretación contemporánea?

A esta relación causa-efecto se han opuesto novelistas como Erik von Daniken (1999), Juan José Benítez (1994) o Jacques Fabrice Vallée (1976), quienes sostienen que, desde el pasado más remoto, el ser humano trató de adaptar lo que veía a su intelecto, relacionando los distintos avistamientos con objetos conocidos, cercanos a él. El primero de los escritores citados, planteó que muchas de estas referencias antiguas serían registros de observaciones reales de supuestas naves alienígenas, las cuales habrían recibido distintas denominaciones en documentos antiguos: vehículo de los dioses, carros de fuego, vímanas, discos solares, nubes, nubes de fuego, el Borax Resplandeciente, nubes con ángeles, carro Pushpaka, maruts (todas ellas en el Ramayana hindú); y también escudo que vuela, luces cósmicas, perlas luminosas, flechas ígneas, Serpiente de las Nubes, escudo yacente, espadas voladoras, esferas transparentes. Asimismo señala que, si estos vehículos aéreos estaban tripulados, se produciría igualmente el contacto con los eventuales seres extraterrestres, quienes transmitirían a los observadores enseñanzas diversas. Según estas teorías, el origen de muchas de las civilizaciones del pasado (Egipto, Babilonia, etc.) sería extraterrestre o al menos las tecnologías para realizar sus obras serían de origen o inspiración extraterrestre.

Es necesario reseñar que personas expertas en Egipto y Asiria, como la egiptóloga de la Universidad Complutense de Madrid Mara Castillo Mallén, advierten: los autores como von Daniken no son egiptólogos ni asiriólogos, tampoco son arqueólogos y algunos, como el mismo Daniken, no son licenciados; por lo tanto, afirmaciones como las anteriores deben ser tenidas como meras especulaciones. No existen dudas sobre la procedencia del pueblo egipcio ni los muchos que poblaron Mesopotamia, ni se aprecia un salto tecnológico en algún momento comprendido entre la construcción de las primeras mastabas hasta los templos del Imperio Nuevo que haga suponer una transferencia tecnológica, ni se ha encontrado ningún registro de contactos con civilizaciones extraterrestres.[nota 1] Otros autores, como Luis Alfonso Gámez o Benajmin Radford, mantienen que las conjeturas de Daniken y otros contienen, además de una gran ignorancia sobre la Historia antigua, una postura insultante y hasta racista contra esos pueblos, al no dudar de que los romanos pudiesen construir el Coliseo y los griegos el Templo de Artemisa, pero sí hacerlo cuando los ejecutores fueron otros humanos no europeos.[9]

Juan José Benítez (1994) propuso en su libro Los astronautas de Yavé que una serie de extraterrestres entrenaron a Moisés en el monte Sinaí en distintas técnicas, se ocuparon de ofrecerle asesoramiento, cuidaron y alimentaron a los padres de la Virgen María, se aparecieron a San José, los Reyes Magos o fueron los encargados de realizar la Anunciación. Como en el caso de Daniken, el autor español no aporta ninguna prueba documental o arqueológica de dichos supuestos.

Sello en el que aparecen los Anunnaki.

Por su parte, Jacques Fabrice Vallée (1976) mantenía que ha existido una vieja tradición de seres fantásticos como las ninfas, sílfides, duendes o hadas, los cuales realizaban raptos de personas para llevarlas a lugares que los relatos denominan Magonia, pero también Ávalon y otras geografías míticas. Según el autor francés, esos cuentos eran la forma que tenían aquellas personas para explicar encuentros cercanos, raptos y abducciones perpetrados por seres extraterrestres. Como en el caso de las conjeturas vertidas por Daniken, esta hipótesis no deja de ser una explicación ad hoc e innecesaria, pues existe otra mucho más sencilla. Las nubes, las hadas o los carros de fuego podrían ser metáforas empleadas en los relatos religiosos, sin ninguna evidencia de que dichos relatos deban ser interpretados más que de una forma mítica. Así pues, dichas narraciones no constituyen una prueba empírica para saber si ocurrieron los hechos así o no, es decir, sostener que se trata de naves extraterrestres podría ser un argumento ad ignorantiam.

Durante la Edad Media aumentaron, si cabe, los problemas para realizar registros escritos de sucesos cotidianos. Esto fue debido al ligero crecimiento del índice de analfabetismo y a los cortes periódicos que los musulmanes practicaban al suministro de papiro con destino a Europa, por lo que sólo quedaban los pergaminos como soporte para escribir, de mejor calidad, pero mucho más escasos. Para Ted Wilding-White (1977, p. 7) los avistamientos no se pudieron recoger hasta la publicación de los primeros periódicos. Antes, prosigue Wilding-White, las narraciones de sucesos aéreos desconocidos sólo podían ser preservados para lecturas posteriores por personas que supieran y pudieran escribirlos, en Europa Occidental esta facultad quedaba reducida a los monjes en los monasterios, por lo que se reducía mucho el espacio observable. El autor recoge siete casos acaecidos entre el 1 de enero de 1254 y el 13 de noviembre de 1833.

Ovnis contemporáneos[editar · editar código]

Dirigible misterioso, titular en The San Francisco Call. 23 de noviembre de 1896.

En el siglo XX y XXI el tema ovni ha vivido una curva similar a la Campana de Gauss, comenzando por el ya relatado comentario del piloto Kennet Arnold en la Cordillera de las Cascadas el 24 de junio de 1947. Al mes siguiente se produjo el Incidente ovni de Roswell, en Nuevo México. Siguiendo a Donald Menzel, fuese cual fuese lo aparecido en Rosswell debería quedar fuera del campo ovni, pues no es nada que se viese volando. Pese a todo, y debido a la vinculación desde su inicio con visitas extraterrestres, se tardó muy poco en reunir los dos sucesos en la misma categoría.

Es necesario volver a repetir las acuciantes necesidades de la CIA en particular y del gobierno estadounidense en general para conseguir información de lo que sucedía en el interior de la URSS. Según relata uno de los asesores de la investigación ovni, el ya citado Carl Sagan (1997, p. 102), esa necesidad acuciante de información llevó a desarrollar multitud de globos aerostáticos con el objetivo de captar indicios sobre los progresos soviéticos. Muchos fueron lanzados desde distintos lugares con la esperanza de que cruzaran el país enemigo para ser rescatados después con algún resultado. Uno de dichos intentos era el Proyecto Mogul que analizaba el aire para buscar evidencias de pruebas nucleares soviéticas. El Mogul estaba catalogado como secreto y actualmente se tiene por el responsable de lo que sucedió en el pueblo de Nuevo México, afirma Sagan (1997, p. 102 y siguientes), incrementado también por la próspera industria turística local, como narra Ballester Olmos (2000, p. 32). La posibilidad de tener guardado y en secreto un acontecimiento como ese, la evidencia de haber sido visitados por una inteligencia extraterrestre, es considerado de todo punto imposible por autores como Ricardo Campo, pues empequeñecería lo realizado por Colón o por el Proyecto Manhattan del que ya tenían noticias los soviéticos antes de su culminación.[2] El español esgrime que ni la fabricación de las armas nucleares pudo mantenerse bajo secreto, pese a existir un acuerdo previo de silencio, mucho menos ocultar durante décadas un descubrimiento de capital importancia para toda la Humanidad como es la prueba irrefutable de otro tipo de vida inteligente.

Tras estos sucesos, la lista de avistamientos continuó aumentando hasta que su número fue considerado preocupante por la administración Truman, la cual ordenó las primeras investigaciones que desembocarían en el posterior Proyecto Libro Azul. Carl Sagan (1997, p. 100 y siguientes) indica que, cuando él fue asesor científico del proyecto, encontró un ambiente de malestar y desidia en las Fuerzas Aéreas, tanto es así que la primera denominación fue "Proyecto Fastidio" o "Project Grudge" en inglés.

Otro suceso que terminaría repercutiendo en el tema ovni se produjo a principios de los cincuenta, cuando Donald Keyhoe, ex oficial de la USAF y participante en el Proyecto Libro Azul, comenzó a ser oído junto a su mensaje de advertencia sobre lo intrínsecamente peligroso de las armas nucleares y el cuidado que debía tenerse con las mismas. A partir de aquellos avisos comenzaron a surgir gente y grupos que decían haber contactado con extraterrestres quienes les transmitían el mismo mensaje.[2] Es en este punto cuando los ovnis comienzan una deriva desde las observaciones hacia una especie de religión, con su ética, sus mensajes y sus nuevos apóstoles, como los describió Fernando Jiménez del Oso.

En 1961 Betty y Barney Hill afirmaron que la noche del 19 al 20 de septiembre habían sido abducidos por un platillo volante. El matrimonio no se puso de acuerdo en varios detalles, pero los dos coincidían en que al final los dejaron bajar, habiéndoles borrado los recuerdos de lo sucedido. Pese a que el especialista que los trató definió el caso como una especie de sueño, testimonios como el de los Hill comenzaron a reproducirse tiempo después en varios lugares del mundo, aumentando progresivamente las acciones perpetradas a los abducidos, según siempre los testimonios de los propios abducidos. Así se han declarado casos según los cuales los extraterrestres les realizaban exploraciones internas, implantes de dispositivos intracutáneos e incluso inseminaciones. Resulta necesario puntualizar que para psicólogas como Susan Clancy, de la Universidad de Harvard, dichas acciones pertenecen a la esfera del sueño, la fantasía o el fraude, pero "Las abducciones no pasan en el mundo real".[10] Confirma las palabras de la psicóloga el hecho de que ninguno de los supuestos abducidos haya podido aportar pruebas fehacientes de lo sucedido, los implantes nunca se han encontrado, las marcas en el cuerpo son compatibles con muchas otras lesiones cotidianas y jamás se ha traído un objeto que poder analizar ni aparecen publicados, comenta Sagan (1997), artículos en revistas científicas sobre nuevos materiales desconocidos hasta el momento.

Esta deriva en el tema ovni hacia unos encuentros cada vez más cercanos es, para Luis Alfonso Gámez, el ejemplo de que el mito ovni se ha destruido a sí mismo, "porque ya no le queda más por inventar".[4]

Investigación[editar · editar código]

Ovni triangular sobre Valonia, Bélgica, Europa.

Como se ha resumido en el apartado Terminología, el gobierno de Harry Truman emprendió una investigación para saber si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado con cierta periodicidad por prototipos o ejemplares de pre-serie fabricados por otras naciones, especialmente la URSS. La primera de dichas investigaciones oficiales comenzó en 1947 bajo el nombre de Proyecto Signo, en 1949 se rebautizó como Proyecto Fastidio[nota 2] y en 1952 como Proyecto Libro Azul, que seguiría investigando casos hasta 1969, para comenzar después, informa Ted Wilding-White (1977, p. 11), el Proyecto Libro Blanco.

Los objetivos de dichos programas eran tres:

  • Esclarecer si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado.
  • Saber si los platillos volantes podían constituir un peligro para Estados Unidos.
  • Obtener, en la medida de lo posible, algún conocimiento o ventaja tecnológica.

En 1969, el último de dichos programas, el Proyecto Libro Azul, fue cerrado habiendo reunido decenas de miles de expedientes y con la conclusión clara de que los ovnis no suponían un peligro para la seguridad nacional.

Líneas de investigación[editar · editar código]

En las investigaciones financiadas por las distintas administraciones participaron algunos de los más conocidos expertos, bien como directores o como asesores, entre ellos los cuatro que han marcado las cuatro líneas de la literatura ufológica:[nota 3]

  • Donald Keyhoe: ingeniero aeronáutico y postulador de la hipótesis según la cual las Fuerzas Aéreas estadounidenses tenían pruebas de la llegada de seres extraterrestres.
  • Josef Allen Hynek: astrónomo y más moderado en los planteamientos que Keyhoe, también terminó afirmando que se ocultaban pruebas sobre la existencia de visitas extraterrestres.
  • Carl Sagan: astrobiólogo y defensor de la vida extraterrestre, pero escéptico de que la Tierra haya sido visitada en el presente o en algún momento del pasado.
  • Donald Menzel: astrónomo y aún más escéptico que Sagan, autor de la frase "en primer lugar esos objetos si están identificados, sabemos lo que son, en segundo lugar en muchos casos no son volantes y, por último, en la mayoría de los casos ni siquiera son objetos".

Clasificación de los ovnis en fases[editar · editar código]

Durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul, Hynek (1972) propuso tres fases o tipos diferentes para clasificar las observaciones ovni:

  • Primera fase: es cuando se divisa un objeto no identificado volando o en el suelo, en este último supuesto lo avistado no sería un ovni, pero se decidió incluirlo si se le suponía la capacidad de volar. Es la fase que más casos reúne según Hynek (1972, p. 86 y siguientes).
  • Segunda fase: para Hynek (1972, p. 110 y siguientes) se da cuando el objeto deja cualquier tipo de huella, como vegetación quemada o marcas en la tierra.
  • Tercera fase: aparece cuando se observa a un tripulante. Es la más escasa, pero Hynek (1972, p. 138 y siguientes) localizó varios casos, quizás el que más le convenció lo divisó un policía en Socorro, Nuevo México, el cual avistó unos seres y un ingenio en el suelo con signos pintados en el fuselaje, algo inusual hasta ese momento, ocultándose los ovninautas en lo que se supuso era el interior de la máquina y despegando esta seguidamente.[nota 4]

Posteriormente otros escritores como Fabio Zerpa las ampliaron a seis:

  • Cuarta fase: el testigo ingresa en la nave, como en los casos de abducción.
  • Quinta fase: contactos telepáticos, de mente a mente.
  • Sexta fase: señales radiales o radioastronómicas.

Por lo tanto, se asume implícitamente la existencia de abducciones, telepatía o contactos por radio. En esta última fase se podrían incluir las búsquedas como las realizadas por el Proyecto SETI@home y otras investigaciones por radiofrecuencia,[11] si alguna vez aportan señales extraterrestres inequívocas. Habría que reseñar finalmente que la quinta y sexta fase no catalogarían objetos que vuelan sin poder saber lo que son, porque ni son objetos -pueden ser pensamientos o detecciones de radio-, ni vuelan y su procedencia extraterrestre se asume previamente.

A su vez Hynek (1972, p. 33) dividió las tres fases en "lejanas" y "cercanas" si la distancia que separa observador y objeto es superior a 150 metros (500 pies).

Clasificación de los ovnis por su forma[editar · editar código]

Ovni con forma de cigarro puro, invierno de 1870–1871.

Según Hynek (1972, p. 33 y siguientes) los avistamientos lejanos serían de tres tipos: luces nocturnas, ecos de radar y discos diurnos. Para otros las formas presentadas por los ovnis son muy variadas, tanto es así que investigadores como Vicente-Juan Ballester Olmos (2000, p. 32) califican de inútil cualquier clasificación, porque todos los casos positivos son únicos, no existe una tipología clara ni un patrón que se repita. Para complicar más la situación, muchas de las descripciones se obtuvieron mediante declaraciones únicas, por consiguiente resultaron imposibles de verificar. Pese a todo se han apuntado ciertas formas, más o menos coincidentes:[12]

  • Foo fighters: fenómeno cuyo nombre deriva del idioma inglés, y significa en español fantasmas combatientes. Su origen se remonta a la Segunda Guerra Mundial, "dado que los pilotos aviadores combatientes, las potencias del Eje por una parte y los Aliados por la otra, observaron este fenómeno y su sorpresa fue que los objetos no eran detectados por el radar".[nota 5] Se observaron como luces pequeñas, aparentemente con masa, aunque en algunos casos las pequeñas luces cruzaban del exterior al interior de las cabinas de los pilotos. Su tamaño, según los informes, variaba desde los 10 cm hasta 5 m, descritas como bolas incandescentes. En la actualidad se considera que los objetos avistados por los pilotos eran en realidad rayos globulares.
  • Esfera: fenómeno que generalmente se observa como cuerpo sólido y opaco, aunque han sido observadas esferas translúcidas o luminosas, rígidas o flexibles. También conocidos como caneplas.
  • Disco: fenómeno que se observaría con una forma plana, algunas veces abultada en el centro, luminosa o con un brillo metálico.
  • Cigarro/puro: objetos o visiones con forma cilíndrica o similar, alargado, luminoso y comúnmente de un tamaño mayor a las otras formas descritas. También existen relatos que los describen sin luminosidad o brillo.
  • Gusano: ovni que se presenta con apariencia tubular, mostrando un movimiento aparentemente similar al de los gusanos. Entre los ufólogos y la criptozoología, es conocido como Rod.
  • Triángulo o delta: fenómeno en el que han sido observadas posibles naves con forma triangular, generalmente con una luz en cada vértice. En esta última descripción se discute su verdadera categoría como ovni; y la mayoría de los investigadores atribuyen su origen a aeronaves terrestres de carácter experimental o secreto, desconocidas solo para el mundo civil.

Resultados[editar · editar código]

Controlador aéreo del USS Theodore Roosevelt.

En 1969 la USAF había reunido unos 40.000 informes (Wilding-White, 1977, p. 10) que daban como resultado:

  • El 27% de los expedientes ovni resultaron ser estrellas, planetas y otros objetos astronómicos.
  • Otro 27% de los expedientes se debieron a globos y aviones.
  • Un 23% fue producido por meteoritos, satélites artificiales y otros objetos cercanos a la Tierra.
  • Hubo un 23% que quedó sin explicación, pero se hicieron suposiciones sobre la mayoría de dichos casos y se afirmó que podían haberse resuelto si los observadores hubiesen dado más datos.

Con el tiempo, varias fuerzas aéreas y organismos independientes han realizado investigaciones similares, como la presentada por Ballester Olmos (2000). Las conclusiones han sido análogas, llegando también a unos porcentajes parecidos, es decir, y agrupados por número de casos causados, en primer lugar estarían las observaciones provocadas por objetos fuera de la órbita terrestre, en segundo lugar aparecerían los producidos por objetos de fabricación humana, después vendrían las causadas por objetos ubicados cerca de la órbita terrestres, en cuarto lugar estaría un porcentaje provocado por fenómenos que no son objetos (espejismos, reflejos, fenómenos atmosféricos...) y una pequeña cantidad de la que no se logró determinar su procedencia.

Poco después de concluir el Proyecto Libro Azul, también en 1969, se publicaron las conclusiones de un informe solicitado el año anterior con el fin de conocer las posibilidades de realizar un estudio posterior más amplio que aportase nuevos conocimientos científicos. Dicho trabajo se denominó Informe Condon, por ser encargado al físico Edward Condon.[nota 6] Sus conclusiones fueron:[2]

  • Los informes ovni no presentan ningún desafío para la ciencia contemporánea por no encontrarse en ellos ningún fenómeno desconocido de la Naturaleza.
  • Estas observaciones y testimonios no constituyen ninguna prueba de presencias extraterrestres.
  • Los ovnis no suponen un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.
  • No se recomendaban más investigaciones en el campo de la física, mecánica o aeronáutica; pero los ovnis, mantenía el informe, si podían ser un objeto de estudio interesante para ciencias sociales como la psicología o la sociología.

Pese a las conclusiones arrojadas por el Proyecto Libro Azul y el Informe Condon, la literatura sobre los objetos volantes no identificados ha seguido produciéndose sin descanso. Autores como Fernando Frías indican que dicha literatura carece de rigor,[7] en muchos casos, pues no se realizan confirmaciones de las declaraciones dadas por los testigos y en varias ocasiones son afirmaciones falsas.[nota 7]

Relación de los ovnis con naves extraterrestres y otras explicaciones[editar · editar código]

Fotografía de "un fenómeno atmosférico inusual observado sobre Sri Lanka", enviado al ministerio de defensa del Reino Unido por RAF Fylingdales, 2004.

La idea de que los ovnis son naves extraterrestres se planteó ya con el Incidente de Roswell y ha sido un explicación recurrente desde aquel momento. Los escépticos suelen emplear un principio básico de la ciencia según el cual «para poder afirmar la existencia de fenómenos extraordinarios se requieren pruebas concluyentes». Hacen hincapié en que no se han aportado pruebas fiables que respalden la hipótesis de que el fenómeno ovni mantiene relación con naves extraterrestres. El Dr. Neil DeGrasse Tyson afirma contundentemente que si se ve algo en el cielo desconocido para nosotros no se debe concluir cualquier cosa, sino "dejar de hablar".[3]

La ausencia total de pruebas ha sido una constante cuando se trata de indicar un origen extraterrestre. Como se ha referido anteriormente, participantes en el Proyecto Libro Azul, como Donald Keyhoe, manifestaron muy pronto que las pruebas debían existir, pero las fuerzas aéreas estadounidenses las retenían. La hipótesis del encubrimiento o Teoría de la Conspiración ha sido esgrimida por los defensores de la procedencia extraterrestre cuando se solicitan evidencias. Los escépticos continúan afirmando que la carga de la prueba le corresponde a quien hace la afirmación.[2] Si las fuerzas armadas ocultan las que poseen les correspondería a los defensores del vínculo extraterrestre-ovni aportar otras. La razón por la cual los defensores de dicho vínculo nunca reúnen ni enseñan sus evidencias la dio supuestamente Gray Barker. Barker informó en 1956 al público en general sobre la existencia de unos individuos, a los que denominó Hombres de Negro por la indumentaria que lucían, que amenazaban a periodistas como Albert K Bender con funestas consecuencias en el caso de continuar revelando secretos sobre la procedencia de los ovnis, recogen autores como Luis Alfonso Gámez (2012). Según escritores como Baker, ha sido la intervención constante de los MIB, por su acrónimo de "Men In Black", la que ha impedido mostrar a la comunidad científica las pruebas existentes.

Nube lenticular reportada como ovni debido a su peculiar forma.

Respecto a la capacidad de los MIB para neutralizar cualquier prueba definitiva sobre el origen de los ovnis se alegan experiencias con sistemas muy cerrados y reticentes a la entrega de información. Así, la Historia demuestra que de la URSS se obtuvo información pese a que su régimen llegó a quemar vivos a los traidores. En el caso del Proyecto Manhattan los soviéticos lograron obtener datos precisos para saber lo que se probaba y los resultados obtenidos en Álamo Gordo.[2] Incluso de Corea del Norte se han obtenido pruebas verificables y contrastables sobre los movimientos de prisioneros para investigar con ellos armas biológicas.

Científicos como Edward Gondon, Donald Menzel o Carl Sagan han afirmado que, cuando los informes de ovnis se estudian en profundidad, la mayoría de los casos logra ser identificado con certeza en porcentajes parecidos a los arrojados por el Proyecto Libro Azul, es decir, fraudes, alucinaciones, malas interpretaciones y sobre todo pareidolias de fenómenos conocidos (cometas, fenómenos atmosféricos, satélites, basura espacial, aviones, prototipos de naves terrestres, nube lenticular, etc.). A lo que los defensores de la conexión ovni-extraterrestre mantienen que lo importante radica en ese pequeño porcentaje de no identificados. Es la llamada Falacia del residuo.[nota 8] Esta postura es respondida por los escépticos afirmando que la Falacia Residual no prueba nada porque la existencia de un pequeño porcentaje inexplicado es común a cualquier disciplina con un número considerable de casos. Así, en criminología siempre quedan algunos asesinatos sin aclarar y lo mismo en los accidentes de tráfico, siempre existe un pequeño porcentaje que no puede ser explicado, lo que no prueba la existencia de vampiros, zombies o seres demoníacos.[2]

Pese a los argumentos en contra, la ufología ha formulado varias conjeturas o hipótesis sobre la procedencia del pequeño índice de casos sin resolver:

  • Hipótesis intraterrestre: es la que afirma que la Tierra es casi hueca y en su interior habita una civilización mucho más avanzada que la humana.
  • Hipótesis interdimensional: postula que los ovnis provendrían de otras dimensiones dentro de otros planos de nuestro Universo, o en dimensiones no pertenecientes a nuestro universo, es decir del multiverso. Sus tripulantes serían seres pertenecientes a esas dimensiones.
  • Hipótesis intertemporal: defiende que el origen de los ovnis estaría en tiempos pasados o futuros y que, por tanto, sus tripulantes serían seres (humanos o no humanos) pertenecientes a estos lugares y otros tiempos. Indicándose que estos seres poseerían los medios para poder viajar en el espacio-tiempo.
  • Hipótesis de los proyectos secretos: es la que defiende que una gran parte de las observaciones no explicadas corresponden a a nuevos prototipos aeronáuticos con tecnología furtiva, motores con mínimas emisiones de luz y calor, toberas orientables, hipervelocidad y otros adelantos que no los hacen fácilmente identificables, ni siquiera por pilotos y radaristas civiles. Aparatos como el SR-71 fueron totalmente secretos, pese al gran número de corporaciones y personas que trabajaron en él, hasta que la administración norteamericana decidió revelar su existencia bajo dos palabras "Proyecto Aurora", en información recogida por Juan Antonio Guerrero (1985, p. 5 y 6). Según Luis Alfonso Gámez y otros autores,[4] en este caso los ufólogos y los medios donde suelen escribir hacen la veces de "tontos útiles". Así contribuyen a expulsar las miradas de otro tipo de prensa sobre los hechos, reduciendo las noticias de nuevos prototipos y sus capacidades a un circulo pequeño y poco acreditado. Semejanzas similares se han entablado entre varias observaciones que posteriormente han encajado con la forma del Lockheed F-117 Nighthawk o el Northrop Grumman B-2 Spirit.

¿Por qué la existencia de platillos volantes parece más deseable que su no existencia?[editar · editar código]

La idea de la necesidad del misterio parece algo consustancial al ser humano.[13] El hecho de recibir una explicación plausible sobre lo que se ve puede restar espacio a la fantasía. Así varios autores no utilizan la denominación "fenómeno" sino "mito" y en otros casos "síndrome". El término "síndrome OVNI" fue utilizado por autores como Jiménez del Oso (1984) para indicar que los observadores de luces sin identificar están afectados por varias variables además del emisor de las luces. Por su parte, Julio Arcas indica que los avistamientos ovni son relatos orales en su mayoría, forman parte de la tradición oral del siglo XX para los occidentales.[14]

Mucho antes de los autores antes citados, el psiquiatra Carl Gustav Jung postuló una teoría para explicar por qué parece más deseable que los ovnis sean naves extraterrestres que no cualquier otro fenómeno conocido. Jung publicó en 1958 su obra Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo. Dicho título ahonda en el rumor mundial sobre los «platillos volantes». En el prólogo a la edición angloamericana Jung alude a un artículo de 1954 escrito para el semanario suizo Die Weltwoche en el que mostraba su escepticismo. En 1958 la prensa mundial descubrió dicha entrevista divulgándose la noticia a nivel internacional, pero de forma distorsionada, citándosele como creyente en los ovnis. A pesar de dirigir una rectificación a la agencia United Press, la versión auténtica de su opinión se ignoró. Finaliza aludiendo a que «este notable hecho merece el interés del psicólogo. ¿Por qué la existencia de platillos volantes parece más deseable que su no existencia?».[15]

En dicho comunicado a United Press International aclara sin embargo que no puede afirmar nada sobre la cuestión de la realidad o irrealidad física de los ovnis, pues no posee pruebas suficientes ni a favor ni en contra. Debido a ello se ocupa solamente del aspecto psicólogico del fenómeno, sobre el cual se dispone de mucho material.

He formulado mi posición ante la cuestión de la realidad de los ovnis con la frase: «La gente ve algo, pero no sabemos qué es». Esta formulación deja abierta la cuestión del «ver»: se puede ver algo material, pero también se puede ver algo psíquico. Las dos cosas son realidades, pero de tipos diferentes.[16]

Para escritores como Patrick Harpur, el ensayo de Jung sigue siendo uno de los más agudos análisis de apariciones aéreas.[17] Fue «dedicado a Walter Niehus, arquitecto, como muestra de agradecimiento por haberme inducido a escribir este librito».[18] En el prólogo comienza aludiendo a la conclusión a la que llegó en el artículo de 1954 ya citado: «Se ve algo, pero no se sabe qué. Incluso resulta casi imposible hacerse una idea correcta de estos objetos, pues no se comportan como cuerpos sino con la ingravidez de los pensamientos. No ha habido hasta ahora ninguna prueba indudable de la existencia física de los ovnis excepto en los casos en que se ha producido un eco en el radar».[19]

Jung añade que desde entonces y «durante más de un decenio la realidad física de los ovnis ha seguido siendo un asunto sumamente problemático». Y que «cuanto más se prolongaba la incertidumbre, tanto más probable se fue haciendo que en ese fenómeno, evidentemente complicado, incidiera también, además de una posible base física, un importante componente psíquico. Esto no tiene nada de asombroso al tratarse de un fenómeno aparentemente físico que se caracteriza, por una parte, por su frecuencia, y por otra, por lo extraño y desconocido, incluso por lo contradictorio de su naturaleza física. Un objeto semejante provoca como ninguna otra cosa la fantasía consciente y la inconsciente, produciéndose suposiciones especulativas y narraciones fantasiosas con el fondo mitológico propio de estas excitantes observaciones».[20]

Fenómeno celeste en Núremberg de 1561. Hans Glaser, 1566. Biblioteca Central de Zúrich. Incluido en Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo.

Así, Jung establece tres modos de ver el fenómeno:[21]

  1. Un proceso real objetivo, físico, o percepción primaria, genera una fantasía o mito concomitante.
  2. Una fantasía primaria inconsciente, un arquetipo, invade la consciencia con ilusiones y visiones.
  3. Se produce una coincidencia sincronística acausal y plena de sentido, especialmente en fenómenos vinculados a procesos psíquicos arquetípicos.

Finalizaba el prólogo indicando que carece de medios para aportar algo útil a la realidad física del fenómeno, ocupándose casi exclusivamente del aspecto psíquico.[22] Aun así reconoce «que por desgracia hay buenas razones por las que no puede darse por concluido el asunto de manera tan sencilla».[23] Bien es cierto que las proyecciones psíquicas de carácter mitológico no son causadas por el fenómeno ovni al haber existido siempre, con o sin ovnis. El mito se fundamenta en lo inconsciente colectivo y su proyección siempre ha tenido lugar. Así, la proyección como ovni, junto con su contexto psicológico, el rumor, es un fenómeno propio de nuestra época, característico de ella.

Es seguramente significativo de nuestra época que el arquetipo, en contraposición a las formas anteriores, adopte una forma neutra, incluso técnica, para eludir el escándalo de la personificación mitológica. Lo que tiene apariencia técnica llega al hombre moderno sin dificultad.[24]

Aún resta abordar el carácter real del fenómeno, ante lo cual Jung plantea tres posibilidades:[25]

  1. La hipótesis de ausencia de gravedad o antigravitación que conlleva el fenómeno lo deja en manos de la física.
  2. El fenómeno ovni como materialización psíquica, es decir, que la psique llegue a materializar el fenómeno ovni, lo considera aún menos probable.
  3. Podría tratarse de un fenómeno sincronístico: la situación de la humanidad, por un lado, y el fenómeno de los ovnis como realidad material real pero desconocida, por otro, no se hallan en ninguna relación causal mutua cognoscible pero parecen coincidir en su sentido. Es decir, se proyectan contenidos de lo inconsciente sobre dichos fenómenos celestes reales pero indeterminados, dotándoles de un significado que no merecen en absoluto.

Los ovnis en la cultura popular[editar · editar código]

El arte pop en particular y la cultura popular del siglo XX en general han mostrado y utilizado a los extraterrestres en infinidad de ocasiones, hasta el punto de considerar a esta forma de arte incomprensible sin ellos.[14] Son muy abundantes las películas, series de televisión, novelas, obras de teatro y cómics con los extraterrestres como protagonistas principales o secundarios. En este aspecto la variedad es grande al poderse hallar extraterrestres microscópicos, con forma humana, grises de ojos grandes o acuáticos, entre muchas otras formas. Respecto a sus intenciones, en muchos casos su presencia tiene intenciones colonialistas, según Carl Sagan (1996) es menos común mostrarlos bienintencionados y más escasos aún presentarlos indiferentes a los problemas humanos. Los géneros también son variados al poder encontrarse obras dramáticas, de terror o comedias.

Ahora bien, las referencias de la cultura popular a objetos volantes no identificados, es decir, objetos o supuestos objetos que vuelan sin saber realmente lo que son, resultan difíciles de localizar. Una de los pocos ejemplos puede ser la serie Project UFO, traducido en España por Investigación OVNI que representó casos de avistamientos OVNI basados en los testimonios recogidos durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul.[26] La primera temporada, de las dos que fueron producidas, no afirma la existencia de visitas extraterrestres, utilizaba expresiones como "dice que vio", "dicen haber visto". No obstante, de los varios casos representados por episodio, solía dejar uno sin explicar o relacionándolo directamente con visitas extraterrestres. Al final de cada capítulo, se indicaba mediante subtítulos que los ovnis no constituían un peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos, conclusión obtenida tras veinte años de investigaciones




ovnis,areas,aliens..........
 

A finales del siglo XIX y principios del XX, Percival Lowell había publicado varias obras sobre Marte, en las cuales postulaba que las líneas oscuras divisadas por Giovanni Virginio Schiaparelli en la superficie marciana constituían una red de canales, creados por una civilización inteligente, para traer agua desde los polos al ecuador del Planeta Rojo.[4] Pese a que las observaciones de Lowell se revelarían erróneas, el público en general consideró la existencia de vida extraterrestre inteligente y cercana a la Tierra como un hecho probado científicamente. El astrónomo y divulgador científico Carl Sagan (1996, p. 232) indica que la Mariner 9 refutó esa posibilidad cuando fotografió la superficie del Planeta en 1971.

En 1944 la Luftwaffe había conseguido hacer operativo el Heinkel He 178. El motor de este avión sorprendió por su sencillez al no necesitar bielas, pistones, cigüeñal, aceite y los demás elementos utilizados hasta el momento.[5] También su velocidad, cercana a los 700 km/h, dejaba bastante atrás a los mejores aparatos de la época, caso del Supermarine Spitfire. Como tercera virtud se puede destacar su maniobrabilidad. Además el aparato en sí ya era sorprendente para personas poco introducidas en el mundo aeronáutico por no tener hélices que lo impulsaran. Aparatos como este y tantos otros que le siguieron comenzaron a implantar en el ciudadano corriente la idea de que se investigaba sobre nuevos modelos aéreos, bastante diferentes de los anteriores y con unas prestaciones muy superiores.

Un efecto más contundente si cabe para la opinión pública lo causó el V2. Este misil balístico dejaba muy atrás a lo que podían presentar naciones como la URSS o Estados Unidos. La V2 era capaz de mover una carga útil de casi una tonelada, a varios cientos de kilómetros y a velocidades que superaban con mucho la del sonido, según Nigel Hawkes (1992, p. 193) dicha velocidad se consideraba "barrera" infranqueable para un ingenio humano, pese, continúa Hawkes, a que las balas de fusil ya viajaban a esa velocidad desde hacía décadas. Este portento de la ingeniería abrió nuevamente la mentalidad del público en general e hizo ver como posible que un ingenio de origen inteligente causara imágenes que antes se hubieran tomado por espejismos, resplandores, relámpagos o cualquier otra explicación natural.

El 16 de julio de 1945 tuvo lugar en Álamo Gordo la Prueba Trinity, con la que culminaba el Proyecto Manhattan. Dicha prueba, junto a la utilización posterior de una bomba de uranio y otra de plutonio, demostró que se podía conseguir gran cantidad de energía con poca masa. Pero, al mismo tiempo, se descubría un nuevo tipo de arma, con una capacidad destructiva incomparable, lo cual supuso un salto cualitativo en el tipo de guerra que podría librarse. Asimismo, también se dio el pistoletazo de salida para una carrera de armamentos entre los Estados Unidos y la URSS junto a una carrera de información para conocer cada bando el nivel alcanzado por su oponente.[6] Aunque actualmente se sabe que la tecnología soviética estaba por detrás de la estadounidense, había dos campos donde si llevaban cierta ventaja: uno era el misilístico, como se verá más adelante, y el otro fue la capacidad de guardar sus secretos. El régimen de Iósif Stalin era una dictadura férrea, con un control considerable de la información producida y difundida, por lo que las apariencias eran más fáciles de guardar. Unido a esto, las inmensas proporciones del país le concedían una profundidad estratégica sin igual, lo que hacía imposible observar todo su territorio, aunque sólo fuese indirectamente, desde ningún punto de su frontera, por muy alto que se alzara el observador. Como ha recogido posteriormente John Lewis Gaddis (2008), los soviéticos podían amenazar con misiles que no tenían y esgrimir divisiones con las que no contaban, o al menos en determinados momentos, porque las agencias de información al principio tenían un gran desconocimiento de lo que sucedía en el interior del país enemigo. La recién creada CIA (Agencia Central de Inteligencia) necesitaba información sobre lo que sucedía en la URSS y financió proyectos de todo tipo para conseguir fotografías o mediciones atmosféricas que pudieran indicar los avances de la otra superpotencia en campos como el de los misiles intercontinentales, los bombarderos estratégicos o las pruebas nucleares atmosféricas.

Ante las prestaciones ofrecidas por el motor de reacción y el misil balístico, las potencias vencedoras se disputaron a los técnicos implicados en los programas alemanes para desarrollar los suyos propios. Sin embargo, por una serie de decisiones, los Estados Unidos mantuvieron relegado a von Braun durante un tiempo, mientras los dirigentes soviéticos sacaron del Gulag a Serguéi Koroliov para que retomase los programas de misiles abandonados años atrás. Al poco tiempo los segundos iban más adelantados que los primeros en misiles y cohetes. Carl Sagan (1996, p. 247) indica que dicha ventaja fue inicial, cuando los soviéticos contaban con algunos prototipos de una potencia superior y una tasa de éxitos también superior a la presentada por los norteamericanos, pero esa situación se invertiría posteriormente.

Es nuevamente Carl Sagan (1996) quien recoge la sorpresa de los dirigentes de la URSS y los Estados Unidos respecto al interés del público por el tema espacial cuando, unos años después de comenzar las primeras pruebas con los nuevos misiles balísticos, los soviéticos demostraron que se podía llegar al espacio exterior con el Sputnik 1. Más aún, los éxitos soviéticos crearon cierto pánico en la población estadounidense al sentirse vulnerables y en inferioridad tecnológica frente a su enemigo. El mismo Sagan (1996, p. 212) recogió ese sentimiento y la reacción inmediata de los políticos para dar prioridad a los temas aeroespaciales. El astrobiólogo transcribe el interrogatorio mantenido en 1958 entre Daniel J. Flood, presidente de la subcomisión para asignaciones de la defensa y representante del partido demócrata por Pensilvania, y Richard E. Horner, secretario de la asesoría para la Fuerza aérea de los Estados Unidos. Ante la petición de una partida considerable de fondos para la investigación espacial, la subcomisión realizó tres preguntas a Horner y, tras responderlas, Flood declaró:








alienigenas (todo)!!!!!!!!
 

A finales del siglo XIX y principios del XX, Percival Lowell había publicado varias obras sobre Marte, en las cuales postulaba que las líneas oscuras divisadas por Giovanni Virginio Schiaparelli en la superficie marciana constituían una red de canales, creados por una civilización inteligente, para traer agua desde los polos al ecuador del Planeta Rojo.[4] Pese a que las observaciones de Lowell se revelarían erróneas, el público en general consideró la existencia de vida extraterrestre inteligente y cercana a la Tierra como un hecho probado científicamente. El astrónomo y divulgador científico Carl Sagan (1996, p. 232) indica que la Mariner 9 refutó esa posibilidad cuando fotografió la superficie del Planeta en 1971.

En 1944 la Luftwaffe había conseguido hacer operativo el Heinkel He 178. El motor de este avión sorprendió por su sencillez al no necesitar bielas, pistones, cigüeñal, aceite y los demás elementos utilizados hasta el momento.[5] También su velocidad, cercana a los 700 km/h, dejaba bastante atrás a los mejores aparatos de la época, caso del Supermarine Spitfire. Como tercera virtud se puede destacar su maniobrabilidad. Además el aparato en sí ya era sorprendente para personas poco introducidas en el mundo aeronáutico por no tener hélices que lo impulsaran. Aparatos como este y tantos otros que le siguieron comenzaron a implantar en el ciudadano corriente la idea de que se investigaba sobre nuevos modelos aéreos, bastante diferentes de los anteriores y con unas prestaciones muy superiores.

Un efecto más contundente si cabe para la opinión pública lo causó el V2. Este misil balístico dejaba muy atrás a lo que podían presentar naciones como la URSS o Estados Unidos. La V2 era capaz de mover una carga útil de casi una tonelada, a varios cientos de kilómetros y a velocidades que superaban con mucho la del sonido, según Nigel Hawkes (1992, p. 193) dicha velocidad se consideraba "barrera" infranqueable para un ingenio humano, pese, continúa Hawkes, a que las balas de fusil ya viajaban a esa velocidad desde hacía décadas. Este portento de la ingeniería abrió nuevamente la mentalidad del público en general e hizo ver como posible que un ingenio de origen inteligente causara imágenes que antes se hubieran tomado por espejismos, resplandores, relámpagos o cualquier otra explicación natural.

El 16 de julio de 1945 tuvo lugar en Álamo Gordo la Prueba Trinity, con la que culminaba el Proyecto Manhattan. Dicha prueba, junto a la utilización posterior de una bomba de uranio y otra de plutonio, demostró que se podía conseguir gran cantidad de energía con poca masa. Pero, al mismo tiempo, se descubría un nuevo tipo de arma, con una capacidad destructiva incomparable, lo cual supuso un salto cualitativo en el tipo de guerra que podría librarse. Asimismo, también se dio el pistoletazo de salida para una carrera de armamentos entre los Estados Unidos y la URSS junto a una carrera de información para conocer cada bando el nivel alcanzado por su oponente.[6] Aunque actualmente se sabe que la tecnología soviética estaba por detrás de la estadounidense, había dos campos donde si llevaban cierta ventaja: uno era el misilístico, como se verá más adelante, y el otro fue la capacidad de guardar sus secretos. El régimen de Iósif Stalin era una dictadura férrea, con un control considerable de la información producida y difundida, por lo que las apariencias eran más fáciles de guardar. Unido a esto, las inmensas proporciones del país le concedían una profundidad estratégica sin igual, lo que hacía imposible observar todo su territorio, aunque sólo fuese indirectamente, desde ningún punto de su frontera, por muy alto que se alzara el observador. Como ha recogido posteriormente John Lewis Gaddis (2008), los soviéticos podían amenazar con misiles que no tenían y esgrimir divisiones con las que no contaban, o al menos en determinados momentos, porque las agencias de información al principio tenían un gran desconocimiento de lo que sucedía en el interior del país enemigo. La recién creada CIA (Agencia Central de Inteligencia) necesitaba información sobre lo que sucedía en la URSS y financió proyectos de todo tipo para conseguir fotografías o mediciones atmosféricas que pudieran indicar los avances de la otra superpotencia en campos como el de los misiles intercontinentales, los bombarderos estratégicos o las pruebas nucleares atmosféricas.

Ante las prestaciones ofrecidas por el motor de reacción y el misil balístico, las potencias vencedoras se disputaron a los técnicos implicados en los programas alemanes para desarrollar los suyos propios. Sin embargo, por una serie de decisiones, los Estados Unidos mantuvieron relegado a von Braun durante un tiempo, mientras los dirigentes soviéticos sacaron del Gulag a Serguéi Koroliov para que retomase los programas de misiles abandonados años atrás. Al poco tiempo los segundos iban más adelantados que los primeros en misiles y cohetes. Carl Sagan (1996, p. 247) indica que dicha ventaja fue inicial, cuando los soviéticos contaban con algunos prototipos de una potencia superior y una tasa de éxitos también superior a la presentada por los norteamericanos, pero esa situación se invertiría posteriormente.

Es nuevamente Carl Sagan (1996) quien recoge la sorpresa de los dirigentes de la URSS y los Estados Unidos respecto al interés del público por el tema espacial cuando, unos años después de comenzar las primeras pruebas con los nuevos misiles balísticos, los soviéticos demostraron que se podía llegar al espacio exterior con el Sputnik 1. Más aún, los éxitos soviéticos crearon cierto pánico en la población estadounidense al sentirse vulnerables y en inferioridad tecnológica frente a su enemigo. El mismo Sagan (1996, p. 212) recogió ese sentimiento y la reacción inmediata de los políticos para dar prioridad a los temas aeroespaciales. El astrobiólogo transcribe el interrogatorio mantenido en 1958 entre Daniel J. Flood, presidente de la subcomisión para asignaciones de la defensa y representante del partido demócrata por Pensilvania, y Richard E. Horner, secretario de la asesoría para la Fuerza aérea de los Estados Unidos. Ante la petición de una partida considerable de fondos para la investigación espacial, la subcomisión realizó tres preguntas a Horner y, tras responderlas, Flood declaró:


 

Los enfoques de la ufología acientífica son tan variados, como las opiniones de los que proponen las teorías. Sobra decir que dichos enfoques no gozan de ninguna aceptación científica, y solamente la astrobiología y la ufología procientífica se acercan a la noción de ciencia, sin llegar a ser aceptadas por completo en forma generalizada.

En el contexto de la astrobiología, existen esfuerzos de investigación para intentar demostrar la presencia de vida en el cosmos, por ejemplo el llamado proyecto SETI, dedicado a rastrear el espacio con radiotelescopios, a la espera de captar alguna señal no natural o mensaje proveniente de seres inteligentes.

Según los escépticos y, a pesar de que mucha gente afirme supuestamente haberlos conocido o, incluso, ser uno de ellos, no existe en la actualidad ninguna prueba fiable que confirme la existencia de vida extraterrestre. Se sostiene que la mayoría de las pruebas aportadas son testimonios de supuestos avistamientos o raptos, o fotografías, que no representan por sí mismas evidencia irrefutable; con todo, un sector variable de la población (cambiante en función del país y la cultura) a lo largo del mundo, cree en la veracidad de las afirmaciones de muchos de los llamados testigos.

Actualmente, se asocia la idea de extraterrestre con la del fenómeno ovni, pero no siempre ha sido así. Y aunque el avistamiento de extraños vehículos y fenómenos aéreos es quizás muy antiguo (véase foo fighters y aviones fantasma), su asociación con los extraterrestres es históricamente muy reciente. Quizá el caso que llevó a asociar a los ovnis con los extraterrestres sea el caso de Kenneth Arnold, que afirmó haber avistado «platillos voladores» cerca del Monte Rainier el 24 de junio de 1947, en el estado de Washington, Estados Unidos. Luego de hacer públicas sus afirmaciones, multitud de personas informaron haber sido testigo de avistamientos en los Estados Unidos, fenómeno que no ha cesado hasta el presente, y que se extiende a lo largo y ancho del planeta.

Cabe notar que, en esa época, ya existía un rico folclore sobre extraterrestres, producto de la popularidad de obras como La guerra de los mundos de H. G. Wells, la adaptación y emisión de esta por la radio a cargo de Orson Welles, algunas obras de Julio Verne, pero sobre todo, los «Pulps», en donde escritores luego célebres, vertían sus ideas sobre la vida en otros planetas, y sobre sus posibles atributos.

En la ciencia ficción se usa con frecuencia el término alienígena (deformación del latín [alien], que significa otro) para designar las formas de vida de origen extraterrestre, y son muy recurrentes como argumento narrativo, pues desde la época de los Pulps los extraterrestres pueden servir para producir en el lector maravilla, asombro, o miedo (en ese entonces, niños, adolescentes, y adultos jóvenes), al poder imaginárseles atributos imposibles para los seres humanos. El cine pronto tomó dicha predilección literaria, transformándola en múltiples sagas de películas, todas las cuales ejemplifican distintas perspectivas sobre los extraterrestres, concomitantes con las distintas ideas de los diferentes autores literarios.

Este uso del término es claramente antropocéntrico, ya que rara vez se aplica a los seres humanos nacidos fuera de la Tierra; aún cuando los humanos invaden algún otro lugar del universo en la ficción, suelen seguir empleando el término para designar a los nativos del lugar.

Es notorio el trato que le da la cultura estadounidense a la idea de "extraterrestre", al que en inglés denominan alien, término que también se aplica a quien viene de afuera (inmigrantes). La palabra "alien" es un término legal dentro de las leyes de Estados Unidos para denotar a no ciudadanos del país. A partir de este concepto se crearon novelas consideradas políticamente correctas para hablar de inmigrantes dentro de los Estados Unidos, sin hacerlo de forma directa, a través de los extraterrestres. De hecho es notorio que en algunas obras de autores de dicho país, la cultura descrita para los extraterrestres es sacada de alguna cultura terrestre real, o la imagen que los autores y la sociedad estadounidense se hacen de dicha cultura [6]. Extraterrestres colectivistas donde la individualidad se sacrifica en pos del grupo, representaban veladamente al Comunismo y su falta de individualismo. Actualmente, extraterrestres con culturas teocráticas fundamentalistas hacen paralelos con la percibida amenaza terrorista de los llamados grupos islámicos.

Características asociadas a los extraterrestres Una imagen frecuente en la cultura popular, el cine y las historietas es una de la de extraterrestres de apariencia humanoide, como los hombrecillos verdes de la ciencia ficción clásica o los grises popularizados por Encuentros en la tercera fase y The X-Files.

Varias razones propician que en la cultura popular se le asocie frecuentemente una representación humanoide a una forma extraterrestre inteligente, pese a que no haya razón científica para suponerla probable. Ejemplo de ello es que en el caso de las películas, esta representación simplifica el proceso de vestuario y maquillaje necesario para la representación de uno de ellos; además, el diseño basado en rasgos y expresiones humanas reconocibles favorece la estimulación de reacciones emocionales en el espectador. En este sentido la reacción humana tiene similitudes con la que se experimenta ante los robots en cuyo caso una mayor similitud física con el ser humano genera una mayor empatía, tal como demuestra la teoría del valle inexplicable.

Es este sentido, a nivel psicológico es más fácil familiarizarse con un posible extraterrestre con características físicas reconocibles como brazos y piernas, dos ojos, una nariz y una boca, así también con aquel que posea un comportamiento reconocible tal como mostrar sus dientes en casos de enojo o realizar muecas en situaciones de sorpresa, e igualmente sea más fácil asociarlos inconscientemente como un ser inteligente, producto de la forma física similar a la nuestra que se les otorga popularmente. Igualmente destaca que mientras más sean descritos como seres semejantes a las características y apariencia humana, igualmente son descritos como seres más pacíficos y de características angelicales; en cambio, mientras más sean descritos como seres menos semejantes al ser humano, son además más descritos como seres belicosos, terroríficos, malignos, etc...

Extraterrestres en la ufología

Durante el siglo XX se han incrementado anécdotas de extraños objetos en los cielos; dichos testimonios aparecen en proporciones tales, que se habla de oleadas de ovnis en lugares y fechas dispares. Esto, junto a la difusión de la ciencia (o la imagen de la ciencia) en la cultura popular, ha promovido en ciertos individuos la idea de que los extraterrestres son un fenómeno digno de estudio y de una disciplina propia. Sin embargo, estos disienten de los que consideran a los extraterrestres como un fenómeno sobre el que no hay evidencia que no pueda ser refutada y que por lo tanto no puede haber una ciencia sobre dicho tema, y realmente se interesan más en las anécdotas de los testimonios de presuntos testigos y aceptan como una verdad que los ovnis son navíos tripulados por alienígenas.

La opinión científica

Según la opinión de los exobiólogos y también de algunos astrónomos, sí es muy probable que la vida haya surgido en otros mundos; la razón de esta afirmación es que las leyes de la física y química son las mismas en todas partes. Los fenómenos que dieron origen a la vida en la Tierra, muchos consideran que pueden repetirse en otro lugar, en donde las condiciones se parezcan lo suficiente.

Pero, debido a que no se dispone todavía de información sobre dichos lugares con condiciones similares (por ejemplo, planetas extrasolares similares a la Tierra), la pregunta sobre la existencia de vida extraterrestre permanece todavía sin una respuesta clara ni científicamente comprobada. Cabe notar que el reconocimiento de la ignorancia en este tema no es sinónimo de denegación. Y que tanto las opiniones a favor como en contra dentro de la comunidad de expertos, hasta la fecha, son opiniones informadas pero sin pruebas irrefutables que establezcan la verdad o falsedad de los hechos. También según la opinión de muchos investigadores es imposible que la Tierra sea el único planeta con vida en un Universo que se está continuamente expandiendo y en el que existen muchos trillones de planetas.

Dicho estado de cosas no impide que existan fuertes críticas hacia la ufología, tanto epistemológicas como metodológicas y semánticas, que hacen que dicha disciplina se encuentre, por consenso general, entre las llamadas seudociencias. Desde el punto de vista epistemológico, se le critica que habitualmente sus expertos hacen afirmaciones infalsificables, es decir, afirmaciones que no pueden rebatirse (por ejemplo, «los ovnis vienen de Ummo»). Desde el lado metodológico, se critica que solamente se limita a observar las reacciones de grupos humanos pero sin entender sus causas; es decir, sin tomar en cuenta que dichas reacciones pueden provenir de fenómenos de histeria colectiva, modas o bromas recurrentes. En el lado semántico, se considera como altamente dudoso que la Tierra sea tan visitada por extraterrestres («la Tierra sería la encrucijada del Universo», afirmaba Arthur C. Clarke en broma), como parece serlo según la ufología: considerando la extensión del cosmos, el esfuerzo necesario para viajar hasta la Tierra, y la posterior carencia de contacto hace que su presencia resulte un absurdo.

La descripción de los supuestos testigos

Las especulaciones sobre el aspecto de los hipotéticos extraterrestres han sido muy numerosas durante todos los tiempos.

Los numerosos supuestos testigos de toda raza, religión y posición económica y social que aseguran haber tenido algún tipo de contacto, han descrito distintos tipos de seres, que podrían clasificarse en diversas tipologías. Si estos testimonios de gente que haya tenido contacto cercano con ellos son verdaderos, entonces los extraterrestres que vienen a la Tierra serían efectivamente distintas especies.

La opinión de los ufólogos

Algunos ufólogos utilizan las hipótesis sobre la exobiología y principalmente la descripción de los supuestos testigos para indicar y clasificar a los hipotéticos visitantes según diferentes tipologías, de las cuales algunas creen que serían verdaderamente reales, mientras que otras se consideran falsos testimonios.

Tipologías clásicas mencionadas en la ufología y/o ciencia ficción

Humanoides

Los Humanoides son una tipología que describe un grupo amplio de alienígenas que son representados como una forma y/o rasgos de seres humanos. Es la tipología más mencionada en ufología, y la más popular usada en ciencia ficción debido a su aspecto antropomórfico.

Hombrecillos verdes

Los hombrecillos verdes (en inglés, Little Green Men) es la antigua tipología que describe alienígenas humanoides de color verde y generalmente de menor tamaño que el ser humano. Es la forma característica de muchos de estos seres en los comienzos de la ciencia ficción. Es la morfología clásica asociada a los marcianos, este tipo de alienígenas es el más usado en la industria del cine clásico de ciencia ficción. Suelen representarse diversos tipos de hombrecillos verdes, algunos con antenas y otros con orejas picudas como duendes, y generalmente estas características son las más usadas en la ciencia ficción y las que han tenido mejor acogida en el folclor popular, pero algunos ufólogos sostienen que existirían seres de pequeño tamaño y piel verde, pero de características anatómicas similares a la de los "Grises" (cabeza grande y ojos oscuros, sin orejas ni antenas).

Grises

Los grises son una de las supuestas formas de vida extraterreste de aspecto similar a los humanos.

Los Grises, son la forma más frecuentemente referida en los casos de abducción extraterrestre y en la cultura popular. Esta tipología describe a alienígenas humanoides de aproximadamente de 90 a 150 cm de altura; piel de color gris —de ahí la denominación hecha por los ufólogos—, con cabezas grandes, brazos y piernas delgados, ojos negros grandes y ovalados, y de los que se presume que son altamente inteligentes e incluso que poseen poderes psíquicos.

Algunos científicos creen que sería perfectamente posible que existan personas con estas características físicas: la piel gris y los oscuros y enormes ojos negros indicarían que el planeta natal de estos hipotéticos seres sería irradiado por una radiación solar muy débil (a falta de luz, los ojos deben agrandarse, y la pigmentación de la piel se habría atrofiado)[cita requerida]. Por otro lado, el cuerpo pequeño y la enorme cabeza indicarían la evolución intelectual de estos seres (al incrementarse la capacidad de discernimiento y la habilidad tecnológica, el cerebro se habría agrandado, y al no depender de la fuerza bruta para sobrevivir, los músculos y toda la contextura física se habría encogido).

Según las descripciones de quienes dicen haber estado en contacto con ellos, estos individuos no expresarían ningún tipo de emoción o sentimiento, lo cual es una característica que suele atribuirse al estereotipo de que, a causa de sus grandes cerebros superdesarrollados, su intelecto sería su más latente rasgo psicológico dominante y eso habría eliminado cualquier rastro de instinto o emoción humana.

Nórdicos

Los Nórdicos son una tipología de alienígenas descrita como casi iguales a los seres humanos; pero con algunas diferencias: piel extremadamente blanca, cabello extremadamente rubio (generalmente largo) y ojos celestes, rasgados u oblicuos, según algunos supuestos testigos. Los alienígenas de esta tipología también son llamados pleyadianos o venusinos por algunas personas, aunque esos nombres son de uso popular y no son aceptados mayoritariamente por la ufología, porque se conoce científicamente que Venus y las Pléyades no son lugares habitables[cita requerida].

Los supuestos testigos suelen describirles con una contextura física atlética y de gran belleza, vistiendo uniformes anatómicos de una sola pieza, generalmente de color blanco. Quienes dicen haber estado en contacto con estos seres afirman que son muy inteligentes, amistosos, preocupados por la humanidad y que, en general, presentan características asociadas a seres angelicales. También se les suelen atribuir poderes psíquicos. [cita requerida]



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Este artículo trata sobre los extraterrestres o alienígenas desde el punto de vista de la ufología, para consultar información desde el punto de vista científico véase vida extraterrestre. Para la película de Nacho Vigalondo, véase Extraterrestre (película).

En la cultura popular y en la ufología, se denomina extraterrestre a todo ser vivo originario de algún sitio del Cosmos ajeno a la Tierra o a su atmósfera. Aunque la palabra extraterrestre se emplea para todo aquello que es ajeno a la Tierra, la mayor parte de las personas sólo la tiene en cuenta al referirse a los seres provenientes del espacio exterior. Por lo general, la vida extraterrestre inteligente se asocia al fenómeno ovni.

Con respecto a las definiciones de “alien” y “extraterrestre”, es necesario denotar que existe una diferencia entre sus definiciones. Extraterrestre, claramente, es una palabra creada para explicar en términos simples la procedencia de estos seres. En cambio, la palabra alien es latina y su significado es “extranjero”, “extraño”, “ajeno” o "el/lo otro" (aquí coincide con la otra palabra de origen latino alter). Aunque en inglés, los estadounidenses utilizan la palabra alien para referirse a seres extraterrestres, no es el significado original y exclusivo de la palabra, ni siquiera el correcto.

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